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sábado, 26 de septiembre de 2015

EL PAPA, EN LA ONU

Los pasados días 24 y 25 de este mes de septiembre de 2015 muchos católicos asistimos, con emoción, a sendos discursos que nuestro papa Francisco pronunció ante el Congreso de los Estados Unidos de América y la sede de la Organización de Naciones Unidas respectivamente. En ambas ocasiones Francisco escribió la historia de dichas instituciones. En el caso del Parlamento estadounidense porque era la prmera vez que un Papa tomaba la palabra en dicha cámara. En el caso de la ONU, porque, aunque ya lo hicieron antes Pablo VI, Juan Pablo II en dos ocasiones, y Benedicto XVI, Francisco lo hizo ante 150 Jefes de Estado y de Gobierno, batiendo el récord de esa selecta audiencia. El Papa habló de política mundial teniendo muy en cuenta la trascendencia de sus palabras y el lugar y contexto en que las dirigía en cada uno de los dos casos. En el Congreso tomó el ejemplo de cuatro figuras representativas de la defensa de los derechos civiles para reclamar un mundo entre iguales superadas las barreras de la inmigración, el derecho a la paz y la seguridad, la igualdad de la dignidad de toda persona y la defensa de la vida humana en todos sus estadios de su desarrollo. Los medios se fijaron, sobre todo, en la petición de la abolición global de la pena de muerte como consecuencia de la aplicación de ese respeto hacia el hombre, recordando que las sentencias penales no deben olvidar la esperanza y el objetivo de la reinserción de la persona y la rehabilitación del delincuente. La pena capital es la dejación más absoluta de ese objetivo y de esa esperanza. En ambas ocasiones, gran parte de los asistentes interrumpían constantemente los discursos del Santo Padre con aplausos, en muchos casos llenos de entusiasmo, y con el auditorio en pie una y otra vez.

En la sede de Naciones Unidas, el Pontífice lanzó un mensaje más universal sabiendo el alcance que iban a tener sus palabras. Un mensaje humanista pero bajando siempre al campo de lo concreto tal y como suele ser la tónica habitual del papa Bergoglio. Habló -cómo no- de la paz mundial y del fracaso de la guerra, de toda guerra. Tocó el tema de los movimientos migratorios y el drama humano que generan. Se refirió al texto de su reciente encíclica "Laudato si" en una defensa decidida del medio ambiente y apeló a la responsabilidad global del hombre sobre el planeta y la tierra. Francisco tocó otros muchos temas como el derecho al techo, al trabajo, a la tierra, a la educación de libre elección por parte de los padres, a la libertad religiosa como garante de todas las demás libertades... Pero hubo dos cosas en las que sobresalió y que pudieron sorprender por su valentía y la claridad con que las expuso. Una de ellas fue la petición expresa del armamento nuclear. No mencionó a ningún país en concreto, pero habló de una prohibición global. Una de las hipocresías de la ONU consiste en que trata de evitar que ciertos países tenidos por "irresponsables" puedan frabricar y hacer uso de esas armas, pero dando por supuesto que hay otros países con derecho a tenerlas y fabricarlas. Justo una semana antes del discurso de Papa, los medios se hacían eco de las dudas del entonces Presidente de los Estados Unidos acerca del uso de la bonba atómica sobre Irak y Afganistán tras los terribles atentados a las torres gemelas de Nueva York. ¡Qué miedo! Francisco reclamó una prohibición para todos los países recordando el daño que inflige este tipo de armamento no solo al género humano sino también a la tierra y al medio ambiente y sus efectos destructivos definitivos sobre ambos.

El otro aspecto en el que pudo sorprender el cuidado discurso de Francisco es el de la otra hipocresía instalada en las propias raíces de la Organización de Naciones Unidas: el privilegio de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad: China, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Rusia. Es decir, el derecho a veto. Ese privilegio de cinco estados impide que todos los países participen y se relacionen entre iguales en el seno de la ONU. Si bien es cierto que esta Organización ha hecho de árbitro eficaz en muchos casos y conflictos, no es menos cierto que se ve impotente de resolver problemas políticos y humanitarios acuciantes por el ejercicio de ese privilegio a todas luces injusto, pues rompe el equilibrio de participación entre países que deben ser reconocidos entre iguales, y más en el seno de una organización de esta naturaleza. La Organización, en la que la Santa Sede ocupa el status de observadora, nació a raíz de la segunda Guerra Mundial para promover la paz, siendo un marco de entendimiento entre los países para afrontar y resolver los diferentes problemas que pudieran surgir entre ellos. Setenta años después de su fundación, tenemos referencias suficientes para reconocer los logros de la ONU pero también para asisitr, permanentemente, a sus grandes fracasos. La pérdida de los privilegios de unos pocos países en su seno se impone y se hace necesaria cada vez más tanto por razones humanitarias y razones de justicia como por razones de operatividad. Lo contrario no solo limita la eficacia de la Organización sino que enquista en su seno un verdadero anacronismo que le impide avanzar.  

jueves, 31 de julio de 2014

PAREN LA GUERRA EN TIERRA SANTA

El Ejército de Israel ha causado ya más de mil cuatrocientos muertos en la franja palestina de Gaza, gobernada por Hamas, organización violenta tenida por terrorista en no pocos países. Más de dos tercios de las víctimas son civiles. Los heridos se cuentan por miles y los niños necesitados de atención psicológica, por decenas de miles. El número de refugiados es superior a doscientos mil. Las fuerzas israelíes bombardean indiscriminadamente colegios, hospitales, mercados, refugios de la ONU... La presión internacional sobre el Estado judío crece pero sus oídos son sordos y continúa provocando muerte y destrucción sin clemencia. Resulta de difícil comprensión la postura de Obama y los EEUU, que generan presión diplomática al tiempo que continúan rearmando al Ejército hebreo que, sin esa ayuda, no podría proseguir sus ataques. ¿Son los túeneles de Hamas un pretexto para la guerra? ¿Se pretende el genocidio, borrar del mundo al árabe palestino? Son preguntas que flotan en el aire. El pueblo judío fue víctima de un holocausto, ¿no está él provocando ahora mismo otro? ¿Ha pasado de ser víctima a ser verdugo? La ley del talión, vigente en la Biblia para los judíos, establece la proporcionalidad en la respuesta a una agresión: el ojo por el ojo, el diente por el diente. Ahora esa proporcionalidad simplemente está quebrada. Es cierto que Hamas debe renunciar a la violencia y reconocer el derecho del Estado de Israel a existir, pero el Estado de Israel debe hacer lo propio con Palestina. Si no, la paz es imposible. Quemos ya la paz, una paz definitiva en la Tierra "tres veces" Santa.

lunes, 24 de noviembre de 2008

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE ELECTO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA


Excelentísimo señor:
Es de obligado cumplimiento comenzar esta carta dirigiéndole a usted la más sincera felicitación por su victoria electoral tras su largo camino hacia la Presidencia de su país. Usted sabe bien qué significado tiene que un ser humano de raza negra ocupe por vez primera la Casa Blanca. Años de luchas, de discursos, de palabras huecas, de desprecios y asesinatos parece ahora, por vez primera, que no han sido en vano. Y usted es el primero en disfrutarlo. Piense en el tributo que debe a los que antes han caído hasta llegar a este momento. En segundo lugar, usted sabe, señor Presidente, que el cargo de la Presidencia de su país extiende su influencia en todas las áreas de prácticamente todo el mundo. La llegada de su persona a tan alta responsabilidad ha generado una ola de esperanza en el mundo. La era de su antecesor estaba ya reclamando ideas nuevas, un trato humanitario nuevo, unos planteamientos nuevos de relacionarse América con el resto del mundo. Ha llegado en el momento oportuno, pero ha llegado con usted. Esa ventana de esperanza no se habría abierto en el mundo de haber ganado el candidato opositor. Sería bueno que usted fuera consciente de esto. Porque es de usted, del Presidente Obama en persona, de quien se espera ese nuevo estilo. Y qué largo se va a hacer hasta el 20 de enero, que aún está tan lejos en el calendario. Porque hay muchos asuntos que corren prisa, que se hacen urgentes, que no pueden esperar. Seguro que usted conoce muchos más, pero yo, mirando desde España y pensando desde España, me fijaría en unos cuantos.

Guantánamo. Cierre ya Guantánamo y respete el Derecho Internacional. Cuba. Fidel ya no gobierna, acometa una nueva relación con la isla de reconocimiento mutuo, de compromiso con la democracia por parte de sus autoridades, pero que ayude a paliar la miseria de la que, los Estados Unidos, por su posición, tienen también su parte de responsabilidad. Ambas son cuestiones de Derechos Humanos fundamentales.

Oriente Medio. Estrepitoso fracaso el del sr. Bush, que quería dejarlo “resuelto” a su manera para presentarlo como su logro estrella en la campaña electoral. Y ¿sabe por qué no lo ha conseguido? Porque no ha tratado a ambas partes por igual. No se puede hacer doblar la rodilla del hermano pobre ante el hermano rico. Hay que considerarlos iguales y exigirles a ambos los mismos derechos y los mismos deberes. Cese del terrorismo, por supuesto, pero creación de un estado Palestino libre e independiente ya, sin muros ni pasos vigilados que humillan cada hora al todo el pueblo palestino. Quizá ese día cese el terrorismo en la zona.

Lo mismo pasa con el terrorismo internacional. Que USA abandone su tradicional prepotencia para con terceros países, abogue por el verdadero respeto a las diferentes culturas, hable con sus representantes de igual a igual y deje de sentirse el policía del mundo. No es verdad que combatiendo en Irak y en Afganistán se está asegurando la libertad en su país y en la zona de Europa. Retirada de Afganistán y de Irak cuanto antes sea posible. El mundo tiene sus organismos internacionales para controlar la actuación abusiva de países y para asegurar, en medio de lo posible, el entendimiento y la paz. Pero volvemos a lo de antes: tiene que ser entre iguales. Que EE. UU. y los otros países que lo poseen abandonen su derecho al veto en Naciones Unidas para que todos los países de la tierra cuenten, en verdad, lo mismo y no haya agravios comparativos. Que todos los países de la ONU tengan la misma capacidad para formar parte, de forma rotatoria, de su Consejo de Seguridad. La fórmula actual consagra los países de primera, de segunda y de tercera categoría. Usted puede promover esa reforma y, de paso, es posible que empiece a sentar las bases para acabar con el terrorismo internacional tan temido por todos y que tanto ha castigado a EE. UU, España y el Reino Unido, por ejemplo.

Hay una guerra en la que usted debería implicarse, e, incluso, abanderar. Es la guerra contra el hambre. Que un hombre negro, de ascendientes africanos, ocupe la Casa Blanca, debería ser la garantía de acabar con el hambre, según el objetivo prefijado para el 2015. Aunque sería igualmente posible acabar con él en el 2009, así que no veo por qué esperar seis años más. África está siendo esquilmada, sobreexplotada, arrasada y su gente abandonada por las multinacionales de siempre y por las economías llamadas emergentes (China e India, principalmente). Así es que los pasos previos para acabar con el hambre en África dentro de seis años no parece que apunten por ahí. Usted puede hacer mucho y debe hacerlo por la dignidad de los seres humanos en África.

Seguro que habría mucho más de que hablar, pero estas cuestiones me parecen todas apremiantes. Algunas llevarán más tiempo que otras a la hora de trabajar por conseguirlas. Peo creo que estaría bien un gesto de buena voluntad, un golpe de efecto en los primeros días tras su toma de posesión. Me atrevería a proponerle lo que tiene más cerca y menos complicado: Guantánamo y Cuba. En la primera semana de su mandato, este cambio de timón confirmaría la puerta abierta a la esperanza en tantos países y personas del mundo que ha despertado su elección. Ojalá que no haya que decir un día que fue un Presidente más. Ah, y para terminar, algo que le vendrá bien: no escatime medios a favor de su seguridad personal.

Atentamente.
Juan Segura Ferrer