miércoles, 2 de enero de 2008

QUERIDOS REYES MAGOS:

Ya nos perdonaréis, pues el resto del año apenas nos acordamos de
vosotros, aunque en estos días siempre os escribimos para pediros. Ya
comprendo yo que es un trato algo egoísta por nuestra parte, pero si
no fuera así, nunca estaríais en nuestro pensamiento. Así que, después
de todo, no es tan malo que os traigamos a la memoria una vez al año.

De pediros cosas materiales para mí ya se encargan mis familiares y
mis amigos, así que me ocuparé yo de pediros cosas de otra índole; y,
por no ser materiales, mucho más difíciles. Y es que hay cosas que no
comprendo. Veréis, me intentaré explicar. No comprendo cómo en el
nivel de desarrollo a que ha llegado nuestra civilización no haya
voluntad de resolver el tema del hambre en el mundo. Tampoco entiendo
que en la ONU haga países que puedan poner vetos (y otros países no
puedan) a cosas que son tan justas, sólo por intereses políticos. No
entiendo por qué, si no hace la felicidad, el dinero tiene tantísimo
poder en las personas. No entiendo cómo no puede haber paz en Irak, o
por qué no hay forma de que israelíes y palestinos quieran entenderse,
o por qué no se paran ya las guerras locales en el continente africano,
o por qué los foros internacionales o mundiales no ponen en marcha los
mecanismos de solidaridad necesarios para lograr el justo desarrollo
de todos los países de la tierra, o por qué hay países que se obcecan en
no reducir la emisión de gases contaminantes, o por qué algunos no
quieren reconocer la gravedad del cambio climático que ya ha
comenzado...

Pero tampoco entiendo por qué los seres humanos son capaces de
hacerse daño los unos a los otros, por qué son capaces de matar. No
consigo entender el por qué de los abortos, cuando, para sacar un feto
del útero materno antes han de matarlo con un bisturí o
descuartizarlo para extraer sus miembros; y por qué a eso no le llaman
matar, cuando es tan claro que se mata una vida humana incipiente e
indefensa. O por qué mueren mujeres, asesinadas a mano de sus
maridos, de sus novios, de sus parejas. O por qué los abusos sexuales a
los niños, o la esclavización de unos hombres sobre otros. O por qué hay
quienes piensan que el terrorismo es un método válido para conseguir
algo bueno. Y el por qué de los regímenes totalitarios, en pleno siglo
XXI, la anulación de las libertades de otros seres humanos. Y por qué
existen sitios como Guantánamo sin que la comunidad internacional
logre impedirlo. O por qué todavía existe en tantos países la aplicación
de la pena de muerte. O por qué el uso de las armas químicas o el de las
minas antipersona. Y, mejor, por qué seguir fabricando y vendiendo
armamento. ¿No se acabarían las guerras si todos los países se
comprometieran a no fabricar y destruir sus armamentos? ¿No se
verían entonces obligados a tener que llegar a acuerdos en sus
conflictos mediante sólo la palabra? Pero claro, pensar así, es sólo de
ilusos, de gente no realista. Y así no conseguimos nada. Como nada se
consigue con los bloqueos, de EEUU a Cuba o de Israel a Palestina; ya
podemos comprobarlo. Entonces, ¿por qué no se levantan y dejan ya de
provocar más pobreza y sufrimiento entre la población?

Por último, la gente. No sé si ya va siendo menos buena, pero querría
saber por qué los amigos son capaces de traicionarse; o por qué el
dinero y el sexo hacen a los seres humanos capaces de cualquier cosa
creyendo que no pasa nada y que es legítimo; por qué el abandono de
Dios y tantas dificultades para anunciar la buena noticia del
Evangelio. Por qué no se distingue ya entre el bien y el mal. ¿Es que el
hombre ha perdido ya su conciencia? ¿Por qué los seres humanos son
capaces de faltar a sus compromisos, a sus promesas, a la palabra
dada pensando que no pasa nada? ¿Por qué el fraude, la
deshonestidad, el engaño, los abusos de unos sobre otros?
Podríamos escribir muchos más interrogantes, pero para muestra ya
sirven todos estos. Ya sé que todo esto no se arregla en cuatro días, y
que el próximo año, posiblemente, nada de ello haya cambiado. Pero
este mundo necesita algo de magia, algo de ilusión y de humanismo. Y,
recordad, Majestades, que vosotros sois Magos. Así que os pediría que,
desde muy arriba, insufléis algo de vuestros polvos mágicos que
puedan caer sobre todo el planeta y hacer ver y sentir a los hombres de
otra manera. De no ser así, hasta vosotros quedaréis relegados y
olvidados en los catecismos y los libros de cuentos.

Os deseo lo mejor para el año nuevo, y una noche de Reyes intensa pero
poco fatigosa. Siempre vuestro.

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